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La Behobia- San Sebastián no es una broma. Todo lo contrario. La última edición, disputada con calor y viento sur, ha dejado tras de sí un reguero de atendidos y hospitalizados. Cuatro de ellos han pasado por la UVI, de los que dos siguen aún en el hospital Donostia, ya en planta de medicina interna. Hay que congratularse de que no haya fallecidos, tal y como ocurrió en la anterior edición. No es cuestión de magnificar los hospitalizados -al fin y al cabo hablamos de 23.000 atletas-, pero tampoco hay que obviar los peligros que entraña una mala preparación y conductas poco sensatas.
Este periódico se puso ayer en contacto con varios retirados. Uno de ellos es Pablo Echart. Es un tolosarra de 38 años, casado y con tres hijos. Se llevó el susto de su vida. Pasó siete horas ingresado en el Hospital Donostia y la noche del domingo recibió el alta
«Soy un atleta popular experimentado. Preparo las pruebas concienzudamente, tengo hecho 1h22 en la Behobia y 3h15 en el maratón. Pero estoy pensando en dejarlo. Porque el domingo pasé uno de los peores momentos de mi vida y lo peor es que se lo hice pasar muy mal a mi gente. Como se ha dicho estos días, la Behobia no es una broma».
Sofocos desde el principio
Echart relata sus sensaciones en carrera. «Tengo que ser sincero. Me faltó preparación. Salí sin suficientes entrenamientos. Confié demasiado en mis capacidades. El día anterior tuve una comida y creo que tuve un principio de gastroenteritis. Soy rubio, el sol me afecta más que al resto y sentí sofocos desde el principio. Pero, sobre todo, creo que mi error fue la falta de pausa en los avituallamientos». Echart considera que «hay que parar. Diez segundos son suficientes para beber un vaso e hidratarte incluso cuando no tienes sensación de sed. Hombre, me gustaría pedir a la organización que sustituya los vasos por las botellas. Porque te las puedes llevar unos cuantos metros para hidratarte progresivamente. Pero fue error mío».
Pablo empezó a sentirse mal a la altura de Arzak. «Empecé a correr mal, a perder coordinación. Salí con dorsal verde, en la zona delantera, por eso no vi demasiados retirados ni desmayos. Ya en la Avenida Navarra tengo recuerdos muy difusos. Mi familia estaba en el Kursaal. Mi cuñada me dice que estaba desencajado a esa altura. Después...»
Después vino el apagón y un susto de cuidado. «A falta de doscientos metros me desmayé. No puedo decir nada más porque la siguiente imagen que tengo es el despertar en el hospital, con oxígeno y totalmente desorientado».
Sin embargo, este tolosarra, todavía asustado por lo que le ocurrió ha hecho una reconstrucción de los hechos. «Me caí y me recogieron unos conocidos, me acomodaron en un bordillo y pronto vino la ambulancia. Estuve 20 minutos inconsciente. Eso es mucho tiempo. Precisé la ayuda de oxígeno durante cinco horas. Y me he ganado una buena bronca de mi familia. Es lógico, tengo unas responsabilidades e imagínate que...»
«Estoy escarmentado»
Interrumpe su relato y le pedimos que tras su experiencia conciencie a futuros participantes. «El entrenamiento es el 80% de la prueba. No debes ir por encima de tus posibilidades porque el recorrido es el que es. La gente te anima a tope y es muy difícil saber parar. Como decía antes hay que beber. Hay que evitar piques absurdos, porque pueden llevar a sustos grandes. Y, fundamental: hay que saber decir no. Si tienes malas sensaciones y sabes que no te va el calor, no salgas si se dan esas circunstancias».
El atleta tolosarra medita abandonar la práctica del atletismo popular. «Desde luego que no voy a hacer un maratón nunca más; ya he tenido suficiente escarmiento. ¿La Behobia?Ahora está el tema muy reciente. Sí te digo que si sales a un ritmo muy moderado, con la debida preparación y con la idea de hidratarte en todo momento no debes tener problemas. Pero es importante que la gente tome conciencia de que la Behobia, como decía al principio, no es una broma».
José Antonio Mínguez no sufrió tanto como Pablo. Básicamente porque la dolencia que también le obligó a retirarse fue muscular. Es de Teruel... y de la Real, tiene 37 años y vino a correr con seis amigos de la localidad aragonesa. Antes de recordar lo que vio en carrera, matiza. «Vinimos 58 personas desde Teruel. La Behobia es la mejor carrera de España, la descubrimos hace dos años y repetiremos siempre que podamos. El recorrido y la organización son geniales».
Mínguez entra en materia. «Preparé muy bien la prueba. Con sesiones concienzudas de entrenamiento. Pero en las semanas previas jugué pachangas de deportes de equipo con mis amigos. Empecé a notar molestias. La rodilla del corredor genera múltiples problemas. El que propició mi abandono se denomina síndrome de la cintilla iliotibial. Es un dolor asumible en una actividad física normal. Pero no en una en la que repites el mismo movimiento durante dos horas. Subí Gaintxurizketa mal. Y al pasar la rotonda pregunté a un policía. Resulta que estábamos alojados en el hotel Lintzirin. Como me conocía el camino decidí parar y volver, ya cojeando, por mi propio pie. Fui el centro de las bromas de mis amigos durante la comida».
«Vi gente muy fundida»
Mínguez resalta que «vi gente muy fundida ya en esos primeros ocho kilómetros. Cuando al día siguiente leí el gran número de asistencias sanitarias no me sorprendí. Es muy exigente que te puede poner en aprietos si no la preparas bien. El ambiente es insuperable. Así es muy difícil parar. Muy difícil decir 'eh, frena que no vas bien'. Si tienes malas sensaciones entrenando siempre te paras. Pero ante tanta gente.... Luego llegan los sustos. Una retirada a tiempo es una victoria».
Los amigos del atleta de Teruel terminaron bien la Behobia, aunque «un compañero reconoció que notó la falta de entrenamiento. Evidentemente sabe lo que tiene que hacer para años próximos. Yo lo tenía claro. Conocía el riesgo de lesionarme si salía. Al primer síntoma, me retiré. Con la salud y con pruebas que implican como la Behobia dos horas de esfuerzo, hay que tener cuidado. Sobre todo en jornadas como la del domingo. Me alegro al menos de que no haya que lamentar desgracias».
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