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Naroa Agirre llegó escasa de competiciones al Europeo de Helsinki y se quedó muy lejos de pelear por superar la fase de calificación. La donostiarra sobrepasó los 4,05m y no pudo después con diez centímetros más. Además de Naroa, plusmarquista española de pértiga, también fue eliminada Anna María Pinero con una marca ayer de 4,15 metros.
Para pasar automáticamente a la final se exigían 4,45, diez centímetros por encima de su mejor marca del año, pero la donostiarra estuvo lejos de alcanzarla. Saltó a la primera 3,80; a la segunda 4,05 y no pudo ya con los 4,15.
Agirre, víctima de las lesiones en los dos últimos años, participaba por cuarta vez en unos Europeos al aire libre. Estuvo en las finales de Múnich 2002 (décima con 4,30) y Gotemburgo 2006 (séptima con 4,45), y no pasó el corte en Barcelona 2010 con un registro de 4,25.
Un broche de oro
El atletismo le debía una, una medalla al aire libre, el premio que se le resistía a pesar de haberse labrado un camino repleto de éxito. Ruth Beitia había cumplido los 33 años y atisbaba ya el final, fijado en Londres. Y ahí seguía, sin la dichosa medalla. Aunque había ganado seis en pista cubierta: dos (plata y bronce) en un Mundial y cuatro (tres platas y un bronce) en un Europeo. Pero llegó Helsinki, el Europeo al aire libre que muchos depreciaron. Y allí, ahora llueve, ahora luce el sol, atrapó su oportunidad y se coronó campeona.
Ruth Beitia se encontró una final sin rivales de postín. Del mismo modo que durante años topó con una generación plagada de estrellas: Blanka Vlasic, Tia Hellebaut, Kajsa Bergqvist... Pero aún así no fue sencillo. La noruega Tonje Angelsen, cuando la final ya había derivado en un mano a mano, saltó 1,97, su mejor marca de siempre, en el tercer intento. Le quedaba uno a la santanderina. Y no falló. Superó esa altura y obligó a la nórdica, con más nulos, a mejorar dos centímetros más su tope. Llegaron al tercer intento. Si Angelsen fallaba, Beitia sería campeona. La noruega saltaba y Ruth, como le ha enseñado la psicóloga Toñi Martos, dormitaba, ojos cerrados, cuerpo tumbado de lado sobre el sintético. El público le anunció que era la campeona en cuanto Angelsen derribó el listón sobre 1,99. Ayer en Helsinki se logró el oro más accesible (1,97) desde Budapest 1998, cuando Monica Dinescu venció con la misma altura.
Mientras Ruth Beitia corría, feliz, por la pista del estadio olímpico, Ramón Torralbo, en Santander, daba otro tipo de saltos, de alegría por tantos años de dedicación. Porque su entrenador empezó a pulir a su alumna con 10 años. Crecieron juntos, 23 años uno al lado del otro hasta conseguir esa medalla de oro. Por fin, están en paz con el atletismo.
Roja, rojilla y ahora la rojeta de barro
A mi amigo y compadre Edgar Valle (En memoria)
¿Adiós al Centro Municipal de Medicina del Deporte de Mendizorroza?
Mikel Odriozola. Sangre, sudor y lágrimas.
Aupa txikelake!!
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